Crecer en desventaja no solo afecta lo que una persona recuerda o cómo lee las emociones de otros, también cambia la forma en que evalúa sus propios aciertos y errores. Así lo muestra un estudio del Centro de Neurociencia Social y Cognitiva (CSCN) y del Instituto Latinoamericano de Salud Cerebral (BrainLat) de la Escuela de Psicología de la Universidad Adolfo Ibáñez, que por primera vez examina en la adultez cómo el nivel socioeconómico influye en la metacognición, la capacidad de monitorear los propios procesos mentales para ajustar el comportamiento. Es lo que permite darse cuenta de que conviene pedir una aclaración, o dudar de si se interpretó bien el gesto de otra persona. Cuando esa autoevaluación no está calibrada, cuesta más corregir errores y distinguir información confiable de la que no lo es.
El trabajo comparó a más de 220 personas de Santiago, de distinto nivel socioeconómico, en dos experimentos independientes. En una prueba de memoria, quienes tenían menor nivel socioeconómico percibieron la tarea como más difícil de lo que su desempeño real indicaba. Reconociendo emociones en rostros, en cambio, confiaron en sus respuestas más de lo que su acierto justificaba, sobre todo con emociones negativas como el miedo. El patrón apunta a lo mismo: menor correspondencia entre lo que la persona cree sobre su desempeño y su desempeño efectivo. La diferencia se mantuvo incluso al descontar el efecto de las funciones ejecutivas.
«Lo que observamos no es que un grupo sepa menos, sino que la relación entre lo que una persona cree sobre su desempeño y su desempeño real se ajusta distinto según el contexto en que vive. Eso nos habla menos de las personas y más de las condiciones en que les toca desenvolverse. Por eso lo entendemos como una huella del entorno, no como una limitación individual», señala David Huepe, uno de los investigadores y Director del Centro de Neurociencia Social y Cognitiva (CSNC) de la Escuela de Psicología de la UAI.
Los resultados se enmarcan en la línea del BrainLat sobre cómo el entorno -inestabilidad económica, barrios inseguros, acceso desigual a educación y salud- deja huellas en la salud cerebral. Los autores subrayan que es una primera aproximación, con muestras acotadas, y que requiere replicación antes de generalizar.
El estudio, titulado «Socioeconomic status impacts metacognition of working memory and emotion recognition», fue publicado en la revista Neuroscience y está disponible en el siguiente enlace: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0306452226004367
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