Ps. Romina León Magister en Psicología Clínica. Profesora Escuela de Psicología Uandes

Somos testigos de una “de-mediación de la expresión”, donde posiciones susceptibles de sostenerse mediante argumentos se canalizan a través de afectos no elaborados, como la descalificación o la cancelación. Este fenómeno deja en evidencia un debilitamiento de la capacidad reflexiva, la regulación emocional y la posibilidad de reconocer al otro como interlocutor válido.

El impacto en la salud mental y la vida social es ineludible: en lo contingente, aumentan la ansiedad, la desconfianza y el deterioro de los vínculos. En lo más profundo, fomenta la configuración de subjetividades más rígidas, que dividen el mundo entre “buenos y malos” y facilitan la exclusión del otro. 

En contextos formativos como las universidades, esto resulta especialmente preocupante: espacios que debieran cultivar el pensamiento crítico, la argumentación y el pluralismo presentan el desafío de fortalecer habilidades profundamente humanas y relacionales como el uso de la expresión simbólica, la capacidad de escuchar y argumentar el disenso, de regular las propias emociones y deliberar éticamente en contextos complejos, más allá de los contenidos disciplinares. 

 

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