Señor director:

Uno de cada cinco chilenos tiene 60 años o más (Censo 2024), y una proporción muy importante de ellos vive solo o exclusivamente con otros adultos mayores, rompiendo la imagen tradicional del hogar extendido y representando casi el 20% de los hogares del país. 

 

Vivir solo no es sinónimo de aislamiento; para muchos representa una valiosa autonomía. El problema surge cuando esta independencia choca con dificultades para desplazarse o acceder a servicios. Por ello, el desafío trasciende lo sanitario: una sociedad envejecida necesita viviendas adecuadas, barrios caminables, transporte accesible y nuevas redes de apoyo comunitario.

 

La pregunta ya no es solo quién cuidará a las personas mayores, sino cómo creamos las condiciones para que sigan viviendo de forma independiente el mayor tiempo posible, evitando que el envejecimiento sea sinónimo automático de dependencia.

 

Chile no solo envejece, también cambia su forma de vivir la vejez. El debate de fondo no es cuántos son, sino qué país debemos construir para garantizar a esta población autonomía, seguridad, vínculos y una buena calidad de vida.

 

Yeny Concha Cisternas 

Directora Magíster en Gerontología Clínica Interdisciplinar 

Universidad Santo Tomás