Santiago, octubre de 2026.- La expansión de la inteligencia artificial y la automatización instala una pregunta transversal en distintas industrias: ¿hasta dónde podrá la tecnología reemplazar a las personas? En cirugía robótica, esta inquietud también existe y muchas veces comienza con una idea equivocada: ¿el robot reemplaza al cirujano?  

La realidad es distinta. En la cirugía robótica actual, la práctica quirúrgica, las decisiones clínicas y la conducción del procedimiento continúan en manos de profesionales especializados. Si bien la plataforma amplifica la precisión, visualización, control y ergonomía para el cirujano, su utilización depende de un ecosistema humano entrenado y coordinado.

“Es importante aclarar que el robot no reemplaza al profesional, sino que lo potencia. Es decir, la tecnología robótica le incorpora nuevas herramientas, competencias y una necesidad permanente de formación. El paciente está en constante manejo de especialistas con un profundo conocimiento anatómico y fisiopatológico.”, explica Macarena Torres, líder de la unidad de cirugía robótica en Surmedical.

La paradoja es interesante: cuanto más sofisticada es la tecnología que ingresa al pabellón, mayor es la preparación para utilizarla. Y es que no consiste únicamente en enseñar a un cirujano a controlar una consola, sino que precisa formar asistentes, anestesistas, instrumentistas, enfermeros, técnicos y equipos de apoyo; desarrollar protocolos; entrenar la comunicación; prepararse para contingencias y generar una dinámica de trabajo donde todos comprendan qué está ocurriendo durante el procedimiento.

“No vemos a la robótica como una tecnología que viene a quitar protagonismo a las personas. Al contrario, las especializa con nuevas competencias, amplía su experiencia y las prepara para trabajar en un entorno quirúrgico cada vez más tecnológico. El robot puede ser muy sofisticado, pero detrás de cada movimiento hay conocimiento, criterio clínico, entrenamiento y decisiones humanas”, señala Torres.

La tecnología acompaña; el equipo profesional hace posible la cirugía

Detrás de cada intervención robótica opera un engranaje humano extremadamente coordinado, con responsabilidades diferentes e interdependientes. El cirujano de consola dirige y ejecuta el procedimiento utilizando la plataforma, integrando su experiencia quirúrgica con competencias específicas adquiridas mediante formación, simulación y entrenamiento progresivo.

El primer asistente, ubicado junto al paciente, tiene un rol fundamental en el campo quirúrgico. Trabaja en permanente coordinación con el cirujano, participa de maniobras que requieren acceso directo al paciente y debe estar preparado para responder ante las distintas necesidades y requerimientos.

El equipo de anestesia enfrenta consideraciones específicas relacionadas con posicionamiento, monitoreo y acceso al paciente, mientras que instrumentistas, enfermería y técnicos deben conocer la plataforma, instrumental, preparación, configuración, flujos de trabajo y protocolos asociados a la cirugía.

A ellos se suman esterilización, ingeniería, coordinación de pabellón, abastecimiento, administración y gestión, áreas que permiten dar continuidad y sostenibilidad al programa. Esto explica por qué hablar solamente de un cirujano entrenado resulta insuficiente. La unidad real de formación en cirugía robótica es el equipo humano completo.

Democratizar tecnología también significa democratizar conocimiento

La formación adquiere especial relevancia a medida que la cirugía robótica comienza a expandirse fuera de los grandes centros urbanos. Para que esta tecnología pueda desarrollarse de manera sostenible en nuevas instituciones no basta con disponer de una plataforma: es necesario que el conocimiento llegue junto con ella.

“Para nosotros, democratizar la cirugía robótica significa también democratizar el conocimiento. La formación no debería limitarse a quienes van a operar ni necesariamente estar condicionada a la adquisición de una plataforma. Mientras más profesionales puedan acercarse, aprender y comprender esta tecnología, mayor capacidad tendremos como sistema para incorporarla de manera responsable y segura”, enfatiza Torres.

Esto incluye formación clínica y técnica, simulación, acreditación, entrenamiento de equipos completos y educación continua. Además, nuevas herramientas de conectividad como la teleproctoría (colaboración remota) donde se amplifica la posibilidad de transferir experiencia entre especialistas y centros geográficamente distantes.

¿Reemplazo o evolución?

La incorporación de tecnología inevitablemente transforma funciones, procesos y competencias. Pero en cirugía robótica, esa transformación no elimina la necesidad del profesional: eleva el nivel de preparación que se espera de él.

“Después de acompañar la formación de distintos equipos, la conclusión es simple: la tecnología puede transformar la manera en que operamos, pero son las personas las que transforman la tecnología en mejores resultados para los pacientes. Por eso, mientras más se expanda la cirugía robótica, más importante será el rol de quienes están detrás de ella”, concluye Torres.

El desafío, por lo tanto, no es enfrentar tecnología y personas como si fueran fuerzas opuestas. Es formar profesionales capaces de aprovechar nuevas herramientas manteniendo aquello que ninguna plataforma sustituye: criterio clínico, experiencia, capacidad de decisión, comunicación y responsabilidad sobre el paciente.