• La muerte de Darya Shipilova, una técnica de laboratorio de 28 años que trabajaba en el Instituto Antipeste de Irkutsk, Rusia, ha despertado inquietud internacional debido a versiones que vinculan su fallecimiento con una posible exposición a la bacteria Yersinia pestis, agente causante de la peste. Sin embargo, hasta ahora las autoridades sanitarias y la Organización Mundial de la Salud (OMS) no han confirmado esa hipótesis.
María Jesús Hald, directora de Educación Continua de la Facultad de Medicina de la U. Andrés Bello y epidemióloga, explica que la peste es una enfermedad bacteriana zoonótica cuyo reservorio principal son los roedores silvestres y que puede presentarse en formas bubónica, septicémica y neumónica. «La peste neumónica es la forma más grave y la única capaz de transmitirse entre personas mediante gotitas respiratorias. Sin tratamiento oportuno puede ser mortal, pero cuando se diagnostica precozmente y se administran antibióticos en las primeras 24 horas, la gran mayoría de los pacientes se recupera», señala.
Aunque la peste está asociada históricamente a grandes epidemias como la Peste Negra del siglo XIV, actualmente es una enfermedad poco frecuente y controlable. Entre 2010 y 2019, la mayoría de los casos se concentraron en países específicos de África, América y Asia, mientras que los eventos detectados en Rusia durante la última década han sido aislados y correctamente contenidos.
Respecto del caso de Irkutsk, Hald enfatiza que existe una diferencia fundamental entre los hechos confirmados y las especulaciones. «Lo que sabemos es que una trabajadora del laboratorio falleció tras desarrollar una neumonía grave y que las autoridades rusas informaron a la OMS que no existen casos confirmados de peste en la zona. Además, los contactos investigados resultaron negativos. Lo que aún no está confirmado es la causa exacta de muerte, si hubo una exposición accidental a la bacteria o si existe algún caso secundario», explica.
La especialista advierte que los episodios de incertidumbre suelen alimentar rumores y desinformación. «Cuando la evidencia está incompleta, comunicar que todavía no se sabe es una señal de rigor científico, no de debilidad. La transparencia y la vigilancia epidemiológica son herramientas tan importantes como los tratamientos médicos», agrega.
Para la experta, este caso deja tres enseñanzas principales: reforzar la cultura de bioseguridad en los laboratorios, mantener una comunicación sanitaria transparente entre los países y combatir la denominada «infodemia», fenómeno que puede amplificar temores injustificados cuando circula información no verificada.
«La salud pública requiere prudencia y evidencia. Hoy no existen antecedentes que permitan hablar de un brote de peste neumónica en Rusia. Lo responsable es seguir monitoreando la información oficial y evitar conclusiones apresuradas», concluye.

Google News Portal Red Salud

Síguenos Google Noticias 
Equipo Prensa
Portal Red Salud