• Los principales factores que aumentan el riesgo cardiometabólico y por qué es clave identificarlos a tiempo. 

 

  • Qué controles ayudan a identificarlas y qué medidas contribuyen a prevenir complicaciones.

Santiago, octubre 2026. Según cifras preliminares del Departamento de Estadísticas e Información de Salud (DEIS), 31.669 personas fallecieron en Chile durante 2025 por enfermedades del sistema circulatorio, la principal causa de muerte en el país1. Entre las afecciones que integran este grupo destacan el infarto agudo del miocardio y la hipertensión arterial primaria. A nivel mundial, según datos publicados en el artículo Cardiovascular diseases (CVDs) de la Organización Mundial de la Salud (OMS), estas patologías provocan cerca de 20 millones de muertes al año2.

 

En este contexto, cobra especial relevancia la prevención y detección oportuna de las enfermedades cardiometabólicas, un grupo de enfermedades y factores de riesgo que afectan el metabolismo, el corazón y los vasos sanguíneos, y que pueden aumentar el riesgo de desarrollar complicaciones cardiovasculares. De acuerdo con la guía 2026 sobre síndrome cardiovascular-renal-metabólico de la American Heart Association (AHA), entre estas condiciones se encuentran la hipertensión arterial, la diabetes tipo 2, las alteraciones del colesterol, la obesidad y la enfermedad renal crónica. Su presencia puede elevar el riesgo de eventos como infartos y accidentes cerebrovasculares, por lo que detectarlas a tiempo es clave para iniciar un tratamiento oportuno y reducir posibles complicaciones3.

 

Estos factores no actúan de manera aislada. La presión arterial elevada, la alteración de la glicemia, el exceso de peso, las dislipidemias, el tabaquismo, el sedentarismo y la enfermedad renal pueden coexistir y potenciarse entre sí. Por eso, la prevención cardiovascular requiere una mirada integral: identificar tempranamente el conjunto

de riesgos, intervenir sobre hábitos modificables y tratar oportunamente las condiciones clínicas detectadas4.

 

La Dra. Natalia García Basavilbaso, Directora Médica de Merck para el Cono Sur, explica que muchas de las enfermedades cardiometabólicas pueden detectarse antes de que produzcan complicaciones a través de señales que no deben pasarse por alto. 

 

La experta destaca la relevancia de poner atención a factores como presión arterial elevada, niveles altos de colesterol o glicemia detectados en controles, exceso de peso, aumento del perímetro de cintura, dolor o presión en el pecho, dificultad para respirar al realizar actividades habituales, palpitaciones, mareos o hinchazón persistente en piernas y tobillos. 

 

“Es fundamental que las personas no esperen la aparición de síntomas para realizarse controles de salud. Medir la presión arterial, controlar la glicemia y el colesterol, junto con evaluar otros aspectos clínicos, permiten actuar de manera precoz y reducir la probabilidad de eventos cardiovasculares. Quienes tienen antecedentes familiares de enfermedades cardiovasculares deberían consultar con un especialista para evaluar su riesgo», precisa.

 

Prediabetes: una ventana de oportunidad

 

Una de las etapas más relevantes y menos atendidas del continuo cardiometabólico es la prediabetes, condición en la que la glicemia se encuentra por sobre lo normal, pero aún no alcanza los criterios diagnósticos de diabetes. Suele cursar sin síntomas y, por ello, hasta el 80% de las personas que la presentan desconoce su condición5. Sin embargo, las personas con prediabetes tienen mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular, infarto al miocardio, accidente cerebrovascular, insuficiencia cardíaca y fibrilación auricular. Además, frecuentemente coexiste con otras alteraciones metabólicas, como hipertensión arterial, exceso de peso y dislipidemia. Su detección temprana representa una ventana de oportunidad para intervenir: la adopción de hábitos de vida saludables, incluyendo mejoras en la alimentación, aumento de la actividad física y control del peso corporal, junto con seguimiento clínico y, en casos seleccionados, tratamiento farmacológico, pueden retrasar o prevenir la progresión a diabetes tipo 2 y reducir el riesgo cardiometabólico6,7.

 

Adultos jóvenes: el riesgo también puede comenzar antes de los 45 años

 

La enfermedad cardiovascular puede comenzar a desarrollarse muchos años antes de manifestarse clínicamente. En adultos jóvenes, factores como el tabaquismo, el sedentarismo, la obesidad, la hipertensión arterial, las alteraciones lipídicas, las disglicemias y los antecedentes familiares pueden acelerar este proceso, favoreciendo la aparición precoz de eventos cardiovasculares. Tanto las guías de prevención cardiovascular de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC)4 como el reciente enfoque de síndrome cardiovascular-riñón-metabólico (CKM) de la AHA/ACC3 destacan la importancia de identificar y abordar tempranamente estos factores de riesgo a lo largo de la vida.

 

Por ello, la prevención no debe esperar a la aparición de síntomas. La evaluación periódica de presión arterial, peso, perímetro de cintura, perfil lipídico y glicemia, junto con la valoración de hábitos de vida y antecedentes familiares, permiten identificar personas en mayor riesgo y favorecer intervenciones oportunas orientadas a prevenir o retrasar la enfermedad cardiovascular3,4.

 

Salud femenina y corazón: una mirada a lo largo del ciclo vital

 

El riesgo cardiovascular en la mujer se construye a lo largo de la vida. Aunque las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte en mujeres, persiste una baja percepción de riesgo tanto en la población general como en algunos entornos clínicos. Hoy se reconoce que la evaluación cardiovascular femenina debe integrar no solo los factores de riesgo tradicionales, sino también hitos reproductivos y hormonales que pueden anticipar una mayor vulnerabilidad cardiometabólica8.

 

Algunas condiciones propias de la salud femenina constituyen señales tempranas de riesgo. El síndrome de ovario poliquístico (conocido ahora como síndrome ovárico metabólico poliendocrino) se asocia con mayor frecuencia de obesidad, resistencia a la insulina, hipertensión y dislipidemia. Asimismo, antecedentes de diabetes gestacional, trastornos hipertensivos del embarazo, preeclampsia o parto prematuro identifican a mujeres con mayor probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular años después del embarazo9.

 

La transición menopáusica representa otra etapa clave. Los cambios hormonales se acompañan de un aumento de la adiposidad visceral, deterioro del perfil lipídico, alteraciones metabólicas y progresión de la disfunción vascular, contribuyendo al incremento del riesgo cardiovascular observado después de la menopausia3.

 

Desde una perspectiva integral, la salud cardiometabólica de la mujer requiere un seguimiento continuo a través de las distintas etapas de la vida. Reconocer estos factores permite identificar precozmente a mujeres con mayor riesgo e implementar intervenciones oportunas orientadas a prevenir enfermedad cardiovascular futura4.

 

Adherencia: prevenir también es mantener el tratamiento

 

La ausencia de síntomas no significa que una condición esté controlada. En enfermedades como hipertensión, diabetes, dislipidemia o hipotiroidismo, suspender, cambiar o tomar de forma irregular el tratamiento puede impedir alcanzar los objetivos clínicos. La adherencia debe entenderse como parte central de la prevención: seguir la indicación prescrita, asistir a controles y conversar oportunamente sobre efectos adversos, costos, olvidos o dificultades cotidianas permite ajustar el plan de manera segura y sostenible. La evidencia muestra que la adherencia está influida por factores del paciente, de la enfermedad, del tratamiento, del entorno social y del sistema de salud, por lo que requiere soluciones individualizadas y acompañamiento del equipo tratante10.

 

Controles y hábitos que ayudan a cuidar el corazón

 

La evidencia actual coincide en que la prevención cardiovascular debe comenzar antes de la aparición de síntomas y mantenerse a lo largo de toda la vida. Identificar oportunamente factores de riesgo como hipertensión, prediabetes, obesidad, alteraciones del colesterol o antecedentes propios de la salud femenina, junto con adoptar hábitos saludables y mantener una adecuada adherencia a los tratamientos, puede ayudar a prevenir o retrasar el desarrollo de enfermedad cardiovascular y otras complicaciones cardiometabólicas3,4,8.

 

“Cuidar el corazón no consiste solo en tratar una enfermedad, sino en reconocer los riesgos a tiempo y actuar precozmente para proteger la salud futura” concluye la Dra. Natalia García Basavilbaso.

 

Acerca de Merck

 

Merck, una empresa líder en ciencia y tecnología, opera en los sectores de las ciencias de la vida, la salud, y la electrónica. Alrededor de 62.000 empleados trabajan para marcar una diferencia positiva en la vida de millones de personas todos los días mediante la creación de formas de vida más alegres y sostenibles. Desde el avance de las tecnologías de edición de genes y el descubrimiento de formas únicas de tratar las enfermedades más desafiantes hasta la habilitación de la inteligencia de los dispositivos, la empresa está en todas partes. En 2025, Merck generó ventas por valor de 21.100 millones de euros en 65 países.

 

La compañía posee los derechos globales del nombre y la marca “Merck” internacionalmente. Las únicas excepciones son Estados Unidos y Canadá, donde los sectores comerciales de Merck KGaA, Darmstadt, Germany operan como Millipore Sigma en Ciencias de la Vida, EMD Serono en Cuidado de la Salud, y EDM Electronics. Desde su fundación en 1668, la exploración científica y el espíritu empresarial responsable han sido clave para los avances tecnológicos y científicos de Merck. La familia fundadora sigue siendo la propietaria mayoritaria de la empresa que cotiza en bolsa.

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