- Aunque suele asociarse al envejecimiento y la menopausia, la osteoporosis puede tener sus orígenes mucho antes. Experta de la UNAB explica la importancia de la prevención temprana, los hábitos saludables y la identificación de factores de riesgo para proteger la salud ósea de las mujeres a lo largo de su vida.
La osteoporosis es una enfermedad que debilita los huesos y aumenta el riesgo de fracturas, pero su prevención no comienza en la vejez. Durante la juventud se construye una parte fundamental de la masa ósea que acompañará a las mujeres durante las siguientes décadas, por lo que factores como la alimentación, la actividad física, los cambios hormonales y determinados antecedentes médicos pueden influir en su salud ósea futura.
María Cristina Escobar, directora de Nutrición y Dietética de la U. Andrés Bello, sede Concepción, aborda la importancia de promover medidas preventivas para reducir las consecuencias de esta enfermedad a largo plazo. “Generalmente asociamos la osteoporosis con personas mayores, y en el caso de las mujeres después de la menopausia, pero nos olvidamos de que la salud de nuestros huesos debe importarnos desde antes”, dijo la docente, quien recordó que durante la infancia, adolescencia y adultez temprana acumulamos gran parte de la masa ósea que nos acompañará durante el resto de la vida.
Adolescencia y juventud
La académica de la UNAB aclaró que la osteoporosis puede comenzar a gestarse décadas antes de que aparezca la primera fractura. Esto, porque los huesos son tejidos vivos que se renuevan constantemente, explicó y agregó que durante los primeros años predomina la formación, lo que permite aumentar progresivamente la masa y resistencia de nuestros huesos.
Puntualizó que la osteoporosis puede ser la consecuencia de factores que se acumulan durante décadas, aunque su manifestación clínica aparezca mucho más tarde.
La nutricionista afirmó que durante la adolescencia ocurre uno de los períodos de mayor crecimiento y acumulación de masa ósea de nuestra vida. En esta etapa, el organismo necesita disponer de suficiente energía, proteínas, calcio, vitamina D y otros nutrientes para desarrollar adecuadamente el esqueleto. “Pero la alimentación no es el único factor importante. La actividad física, especialmente los ejercicios que implican soportar el propio peso corporal y fortalecer la musculatura, estimula la formación y adaptación del tejido óseo”, afirmó.
Importancia del calcio y la vitamina D
La prevención de la osteoporosis requiere prestar atención a los nutrientes que participan en la formación y mantención de los huesos. Entre ellos, el calcio y la vitamina D cumplen funciones complementarias: mientras el primero constituye uno de los principales minerales del tejido óseo, la segunda facilita su absorción en el organismo. “El calcio constituye uno de los principales minerales de nuestros huesos y participa directamente en su estructura. Cuando su consumo es insuficiente de manera sostenida, el organismo puede recurrir a las reservas del esqueleto para mantener los niveles de calcio en la sangre, lo que puede comprometer la salud ósea a largo plazo”, explicó Escobar.
Por esta razón, mantener una alimentación variada y asegurar un aporte adecuado de ambos nutrientes es parte de las medidas que contribuyen al cuidado de los huesos.
Dietas restrictivas y pérdida de peso
Las dietas muy restrictivas y la pérdida rápida de peso también pueden repercutir en la salud ósea, especialmente durante la adolescencia y la adultez joven. “Cuando reducimos excesivamente las calorías o eliminamos grupos completos de alimentos sin una adecuada planificación, podemos generar deficiencias de calcio, vitamina D, proteínas y otros nutrientes necesarios para mantener nuestros huesos saludables”, advirtió la especialista.
Asimismo, añadió que una alimentación insuficiente puede alterar el equilibrio hormonal. En las mujeres, una disponibilidad energética muy baja puede afectar la producción de estrógenos y provocar irregularidades menstruales o incluso ausencia de menstruación, situaciones que pueden repercutir negativamente en la formación y conservación del tejido óseo.
En esa línea, enfatizó que “la pérdida rápida de peso, especialmente cuando es importante y se acompaña de pérdida de masa muscular, también puede asociarse con una disminución de la densidad mineral ósea”.
Etapas claves para la prevención
Una alimentación insuficiente durante estas etapas puede tener consecuencias que se manifiesten años después. El organismo necesita energía, proteínas, minerales y otros nutrientes para sostener sus funciones esenciales, incluido el crecimiento y la formación de tejido óseo. “Uno de los principales riesgos es no alcanzar el máximo potencial de masa ósea que nuestro organismo podría desarrollar”, señaló la directora de Nutrición y Dietética de la UNAB Concepción.
En las mujeres jóvenes, añadió, una ingesta energética insuficiente también puede alterar el ciclo menstrual y disminuir la producción de estrógenos, hormonas que desempeñan un papel protector sobre los huesos. Entre las posibles consecuencias se encuentran las alteraciones en la adquisición de masa ósea, un mayor riesgo de lesiones por estrés y, en determinadas situaciones, una mayor fragilidad del esqueleto.
Sedentarismo, tabaquismo y alcohol
Además de la alimentación, existen factores del estilo de vida que pueden incrementar el riesgo de deterioro óseo. Entre ellos se encuentran el tabaquismo, el consumo excesivo y sostenido de alcohol y la falta de actividad física.
Según explicó la especialista, el tabaquismo se relaciona con una menor densidad mineral ósea y un mayor riesgo de fracturas, mientras que el consumo excesivo de alcohol puede perjudicar la formación de hueso e interferir en el metabolismo de nutrientes. A esto se suma el sedentarismo, que reduce los estímulos mecánicos necesarios para mantener una estructura ósea saludable. “Nuestros huesos necesitan estímulos mecánicos para mantenerse fuertes”, enfatizó destacando la importancia de incorporar el movimiento y la actividad física de manera regular.
En este contexto, adoptar hábitos saludables puede contribuir a proteger la salud ósea y disminuir la exposición a factores que favorecen su deterioro.
Cambios alimentarios
La prevención también implica mantener una alimentación equilibrada, que aporte los nutrientes necesarios para la conservación del tejido óseo. En este sentido, la académica recomienda priorizar fuentes de calcio, proteínas y otros nutrientes esenciales, evitando restricciones alimentarias que puedan comprometer la ingesta energética.
Asimismo, llamó a prestar atención a la vitamina D, cuya disponibilidad depende de diversos factores, entre ellos la alimentación y la exposición al sol. En Chile, este aspecto puede adquirir especial relevancia en determinadas zonas geográficas y grupos de población con mayor riesgo de deficiencia.
Finalmente, Escobar sostuvo que cuidar los huesos es una tarea que comienza mucho antes de que aparezcan los primeros síntomas o una fractura. Una nutrición adecuada, la actividad física regular y la identificación de factores de riesgo son herramientas importantes para favorecer la salud ósea durante toda la vida.


























