Durante la niñez y la adolescencia, el crecimiento es un proceso que involucra cambios físicos, emocionales, cognitivos y sociales. En este contexto, la calidad del sueño suele quedar en segundo plano frente a otros factores como la alimentación o la actividad física, cuando en realidad cumple un rol central tanto en el desarrollo físico como en el bienestar emocional de niños, niñas y adolescentes.

Valentina Mosso, psicóloga Infanto Juvenil de Endoplus, explica la relevancia del vínculo entre la calidad del dormir y el crecimiento durante la niñez. «La hormona de crecimiento se libera principalmente al inicio del sueño y en las fases más profundas. En ese sentido, dormir bien no solo es clave para el crecimiento físico, sino también influye directamente en otros aspectos como la ansiedad, la regulación emocional y la atención de los niños y adolescentes en las actividades que realiza durante el día», afirma la especialista.

El peak de la hormona del crecimiento durante el sueño es esencial para el crecimiento y el desarrollo muscular, así como para la regeneración y reparación de los tejidos. Durante el sueño profundo (de ondas lentas), se produce un aumento en su secreción. 

El rol de las pantallas en la calidad del sueño 

Uno de los principales factores que afecta la calidad del sueño en niños y adolescentes es el uso de dispositivos electrónicos antes de acostarse. Para la especialista, «el uso de estos aparatos antes de dormir, o el comer mientras se mira una pantalla, desconecta de todo este ciclo natural. Por eso, la recomendación es evitar el uso de pantallas al menos una hora antes de acostarse, priorizando el sueño para que sea de buena calidad».

Respecto de los límites de uso, Valentina Mosso plantea que hasta los 18 meses no se recomienda la exposición a pantallas, salvo en videollamadas o situaciones de necesidad de conexión con algún familiar; entre los 2 y los 5 años, se aconseja limitar el tiempo sedentario frente a pantallas a un máximo de una hora al día, priorizando contenido de calidad y educativo y el acompañamiento de una persona adulta, además de desplazar su uso hacia los fines de semana; y desde los 6 años en adelante, la recomendación es establecer acuerdos familiares que no interfieran con las comidas, el horario de sueño ni el juego.

La relación entre sueño, pantallas y desarrollo infantil ha sido abordada con preocupación por diversos organismos de salud. La Organización Mundial de la Salud publicó en 2019 una guía sobre actividad física, comportamiento sedentario y sueño en menores de cinco años, en la que recomienda limitar el tiempo frente a pantallas y priorizar el sueño y el juego activo como parte de un desarrollo saludable. En la misma línea, la Sociedad Chilena de Pediatría agrega que como la liberación de la hormona del crecimiento suele concentrarse en la primera mitad de la noche, alteraciones en una correcta estructura del sueño podrían estar asociadas a un menor crecimiento físico en los niños.

Cómo acompañar una buena rutina de sueño 

Hablar en familia sobre el crecimiento y preguntar cómo se sienten con los cambios de su cuerpo, incluyendo hábitos de sueño y uso de pantallas, funciona mejor en un ambiente predecible y seguro, y contribuye a que las conversaciones surjan con naturalidad evitando tensionar la rutina nocturna del grupo. Según explica la especialista, este tipo de conversaciones es clave para que niños y adolescentes sientan contención ante una eventual restricción en el uso de pantallas, y aconseja a los padres transmitir que «estamos aquí para acompañar y guiar en este proceso para que pueda desarrollarse lo mejor posible en esta etapa tan crucial, y que a veces los cuidadores tomarán decisiones justamente para cuidarlos”

Agrega la importancia de promover en niñas y niños el juego activo durante el día, recordando que un descanso adecuado, una buena alimentación y el movimiento regular son la base para un desarrollo integral en la infancia y adolescencia.

La falta de sueño o su mala calidad pueden tener un impacto significativo en el desarrollo, el aprendizaje, el comportamiento y la salud general de los niños, incluyendo un efecto perjudicial en su bienestar físico y psicológico. Además de alteraciones en el crecimiento, otros efectos incluyen dificultades de concentración, mayor irritabilidad, debilitamiento de la función inmunológica, ansiedad y depresión.

La especialista concluye que lo importante para cuidar el crecimiento infantil es entregar a los menores “un ambiente seguro donde el niño pueda crecer feliz y desarrollarse plenamente en sus habilidades sociales y socioemocionales”.

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Equipo Prensa
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