La sensación de estar mentalmente “lento”, con dificultad para concentrarse, cansancio persistente o pequeños olvidos cotidianos suele atribuirse al estrés, al mal dormir o al exceso de trabajo. Sin embargo, en los últimos años otra hipótesis comenzó a ganar espacio: que parte de esa llamada “niebla mental” podría tener relación con lo que ocurre en el intestino.
El interés científico por el llamado eje intestino-cerebro ha crecido rápidamente. Estudios recientes han encontrado asociaciones entre microbiota intestinal, inflamación, estado de ánimo, sueño y algunas funciones cognitivas. Pero también han aparecido promesas exageradas en redes sociales y suplementos que aseguran “sanar el intestino” para mejorar el cerebro.
La verdad detrás de esta relación
Para el Dr. Freddy Squella, gastroenterólogo y académico de la Universidad Andrés Bello, la conexión entre intestino y cerebro existe, aunque todavía quedan preguntas abiertas.
“La relación entre intestino y cerebro es real y cada vez está mejor documentada; el problema es que el marketing ha avanzado más rápido que la evidencia clínica”, explica.
Según el especialista, hoy se sabe que la microbiota puede influir en funciones cerebrales mediante distintas vías inmunológicas, metabólicas, hormonales y neurales. Aun así, advierte que todavía no se puede afirmar que toda dificultad de concentración o “niebla mental” tenga su origen en alteraciones específicas de la microbiota.
El intestino también se comunica con el cerebro
Desde la gastroenterología, el docente explica que el eje intestino-cerebro se entiende como una comunicación bidireccional entre el sistema nervioso central, el sistema nervioso entérico, la microbiota intestinal, el sistema inmune y distintas señales hormonales.
“El intestino no es solo un órgano digestivo; también participa en la regulación de la inflamación, la sensibilidad visceral, la motilidad y algunas señales que pueden influir en el ánimo, el sueño y el estrés”, señala Squella.
“Parte de esa comunicación ocurre a través del nervio vago, mediadores inflamatorios y sustancias producidas por bacterias intestinales, como los ácidos grasos de cadena corta. También intervienen rutas relacionadas con neurotransmisores como serotonina, dopamina y GABA”, añade.
Aunque el fenómeno se sigue estudiando, el especialista indica que ya existen enfermedades digestivas donde los síntomas cognitivos son conocidos. Entre ellas, la enfermedad celíaca, la enfermedad inflamatoria intestinal, síndromes de malabsorción y enfermedades hepáticas crónicas.
En pacientes con enfermedad celíaca, por ejemplo, se ha descrito el llamado “brain fog”, caracterizado por sensación de lentitud mental, alteraciones de memoria y problemas de atención. En algunos casos, estos síntomas mejoran tras iniciar una dieta libre de gluten bajo diagnóstico médico.
Cuándo consultar
La “niebla mental” no necesariamente indica un problema digestivo. Sin embargo, el especialista recomienda consultar si se acompaña de diarrea persistente, dolor abdominal recurrente, distensión importante, baja de peso, anemia, déficit de vitamina B12 o síntomas gatillados por ciertos alimentos.
También sugiere atención especial en personas con antecedentes familiares de enfermedad celíaca, enfermedad inflamatoria intestinal o cáncer colorrectal.
Qué hábitos sí tienen respaldo
En medio del auge de suplementos, dietas virales y promesas de “resetear” la microbiota, Squella plantea que la evidencia sigue apuntando hacia medidas bastante más simples.
Una alimentación variada y rica en fibra, con frutas, verduras, legumbres, frutos secos, semillas y granos integrales, aparece como una de las estrategias más respaldadas para favorecer una microbiota diversa.
A eso se suman hábitos como dormir adecuadamente, realizar actividad física regular y mantener horarios de alimentación relativamente ordenados.
“La mejor estrategia muchas veces no es ‘resetear’ el intestino, sino favorecer una microbiota más diversa y un menor tono inflamatorio a largo plazo”, comenta.
Respecto a los suplementos, aclara que los probióticos pueden servir en casos específicos, pero que no existe actualmente un “probiótico para la claridad mental” recomendado de forma general.
“El intestino sí conversa con el cerebro, y esa conversación importa. Pero la mejor forma de cuidarla no está en un suplemento ni en una dieta viral: está en diagnosticar y tratar lo que corresponda, reponer lo que falte y sostener hábitos reales en el tiempo”, concluye.






















