La iniciativa, desarrollada a partir de una memoria de título, obtuvo financiamiento de ANID para avanzar hacia su validación clínica mediante un estudio con 25 pacientes mayores de 65 años, con miras a convertirse en una herramienta complementaria para la rehabilitación. 

El recientemente titulado ingeniero en diseño de productos de la Universidad Técnica Federico Santa María, Javier González, se encuentra trabajando en el desarrollo de un dispositivo de vibración focal que busca apoyar el tratamiento de la rizartrosis, condición que afecta a la articulación ubicada en la base del dedo pulgar de la mano.

El proyecto, que surgió como la memoria de título de González, busca ofrecer una alternativa complementaria para el manejo de la patología, contribuyendo al fortalecimiento de la musculatura, favoreciendo el movimiento y disminuyendo el dolor.

Según explica Javier González, “la rizartrosis genera mucho dolor y limita el movimiento, lo que afecta directamente a la musculatura y, en casos severos, termina deformando la zona. Actualmente, la terapia física constituye el mejor tratamiento para la patología, ya que permite trabajar el fortalecimiento y la movilidad. El dispositivo busca ser una herramienta de apoyo y complemento desde la casa para el trabajo de kinesiólogos y terapeutas ocupacionales”.

Con enfoque en las personas mayores, el dispositivo fue diseñado considerando facilidad de uso y autonomía en su instalación, con el propósito de que pueda incorporarse a la rutina cotidiana sin interferir mayormente con las actividades habituales.

Trabajo interdisciplinario

Durante el proceso de memoria de título, el dispositivo fue sometido a una serie de evaluaciones orientadas a comprobar aspectos de ergonomía, materialidad, vibración y usabilidad, lo que generó la elaboración de 12 prototipos.

A lo anterior se suma una evaluación con 13 profesionales de la salud, entre kinesiólogos y terapeutas ocupacionales, quienes evaluaron la facilidad de uso y la relevancia clínica del dispositivo, obteniendo una alta calificación.

Para Valeria Bravo, académica del Departamento de Ingeniería en Diseño y profesora guía del proyecto, “el proyecto comenzó a partir de una problemática concreta: la rizartrosis y las dificultades que puede generar, particularmente en adultos mayores. Javier fue capaz de transformar el problema en una propuesta de diseño concreta, desarrollando un dispositivo de vibración focal que busca constituirse en una alternativa complementaria para la rehabilitación”.

Además del apoyo académico de la profesora Bravo, el proyecto contó con la colaboración del profesor Cristián Caparrós-Manosalva, de la Universidad de Talca, con experiencia en kinesiología, biomecánica, movimiento humano y rehabilitación.

Según explica la académica de la USM, “su aporte permitió complementar la mirada de diseño con una perspectiva funcional y clínica, estableciendo un verdadero diálogo interdisciplinario. Desde ingeniería en diseño de productos abordamos aspectos como la ergonomía, interacción con el usuario, desarrollo de producto, prototipado y experiencia de uso, mientras que desde la kinesiología se incorporó conocimiento sobre movimiento, función y rehabilitación”.

Avanzando hacia una solución con impacto

Durante el mes de septiembre, el proyecto obtuvo financiamiento de parte de ANID a través de la adjudicación del Concurso VIU 2026, destinado a que estudiantes y egresados conviertan los resultados de sus tesis o memorias en soluciones con potencial de llegar al mercado o generar impacto social.

Con este financiamiento, el desarrollo del dispositivo comienza una nueva etapa, en la que se busca realizar un estudio clínico con 25 pacientes mayores de 65 años que presenten rizartrosis, para poder comprobar en la práctica el funcionamiento del dispositivo y complementar los resultados obtenidos en las evaluaciones previas.

“Este financiamiento nos va a permitir seguir avanzando en el dispositivo, que actualmente se encuentra en un nivel de TRL 3, sometido a pruebas de laboratorio, y llevarlo a un nivel de madurez de TRL 5, validado en entornos relevantes y en condiciones similares a las reales. Además, ya estamos trabajando en la protección intelectual y la creación de la empresa y marca del producto”, comenta Javier González.

Para la profesora Bravo, “si los estudios que se realicen durante el VIU permiten demostrar beneficios asociados al uso del dispositivo, se abre una posibilidad mucho más concreta de avanzar hacia una solución que pueda tener aplicación en contextos de rehabilitación, generando un impacto concreto en la calidad de vida de los pacientes”.

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Equipo Prensa
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