Aunque suele asociarse la menopausia -al fin definitivo de la menstruación-, lo cierto es que el cuerpo femenino comienza a dar señales mucho antes. Esa etapa previa se conoce como perimenopausia y puede extenderse durante varios años, generando cambios físicos, emocionales y sociales que no siempre son comprendidos ni abordados oportunamente.
“La perimenopausia no es una enfermedad; es una transición natural del ciclo vital de las mujeres, pero eso no significa que deba minimizarse”, explica Macarena Arriagada Belmar, directora de Obstetricia de la Universidad Andrés Bello, sede Viña del Mar. Según la especialista, uno de los principales problemas es que muchas mujeres no identifican lo que les ocurre porque siguen menstruando y asumen que aún “no están en esa etapa”.
Cambios que van más allá de la regla
Uno de los primeros signos de perimenopausia no es la ausencia de menstruación, sino las variaciones en su patrón. Ciclos más cortos o más largos, sangrados irregulares, más abundantes o escasos, e incluso meses sin menstruar, pueden ser parte de este proceso. “Mientras exista regla, muchas mujeres descartan la posibilidad, pero la perimenopausia puede comenzar incluso varios años antes del último periodo menstrual”, advierte Arriagada.
A estos cambios se suman otros síntomas que suelen atribuirse al estrés o al estilo de vida: bochornos, sudoración nocturna, alteraciones del sueño, cambios de ánimo, irritabilidad, olvidos frecuentes, dificultad para concentrarse, dolores articulares, sequedad vaginal o molestias durante las relaciones sexuales. “No es que todo malestar tenga que explicarse por las hormonas, pero tampoco es correcto invisibilizar síntomas claros de transición hormonal”, agrega la directora de Obstetricia UNAB.
Validar lo que sienten las mujeres
Para la matrona, uno de los desafíos más importantes es la validación. “Muchas mujeres llegan a consulta sintiendo que exageran o que ‘no deberían quejarse’. Pero la perimenopausia puede afectar la calidad de vida, el desempeño laboral, las relaciones y la autoestima”. Reconocerla permite abrir conversaciones clínicas adecuadas y evitar la normalización del malestar.
Además, no todo cambio debe asumirse como esperable. Sangrados muy abundantes, entre periodos, después de las relaciones sexuales o tras varios meses sin menstruar requieren evaluación. “Escuchar el cuerpo y consultar a tiempo también es una forma de prevención”, enfatiza la académica UNAB.
Cuidar la salud futura
La perimenopausia no solo implica síntomas inmediatos. Coinciden con ella factores de riesgo relevantes para la salud cardiovascular, metabólica y ósea. En ese sentido, Arriagada subraya que esta etapa es una oportunidad clave para reforzar controles preventivos y hábitos de autocuidado. “Actividad física regular, alimentación equilibrada, buen descanso, manejo del estrés y controles de salud no son consejos genéricos; son herramientas concretas para mejorar el bienestar presente y futuro”, afirma.
También es una etapa propicia para retomar o fortalecer chequeos preventivos, como controles ginecológicos, cardiovasculares y metabólicos. De esta manera tomar acciones para una salud integral y así transitar esta etapa de la manera más saludable posible.
En un país que envejece aceleradamente y donde las mujeres viven más años, hablar de perimenopausia deja de ser un tema privado para convertirse en un desafío de salud pública. “Así como acompañamos a las adolescentes en la menarquia, también debemos acompañar a las mujeres en esta transición. Los derechos en salud no terminan con la fertilidad”, concluye Arriagada.
Macarena Arriagada Belmar, directora de Obstetricia de la Universidad Andrés Bello, sede Viña del Mar.




















